En esta primera entrada quería tratar lo que entendemos por Ciencia Básica, lo cual me afecta de forma muy directa puesto que el grueso de mi docencia se centra en dos asignaturas de formación básica a mi juicio importantísimas (Bioquímica y Nutrición y Dietética).

Pongámonos en situación, soy profesor de asignaturas de Formación Básica en un Grado de Ciencias de la Salud como Enfermería, donde todos los alumnos desde el primer momento lo que están deseando es ponerse a realizar técnicas específicas de Enfermería. Desde este punto de vista, es complicado hacerle entender a un estudiante de primer curso que es fundamental para su futuro desarrollo profesional que entienda que la hemoglobina es una proteína alostérica. De hecho, me ha ocurrido en varias ocasiones (es cierto que de forma muy puntual) que al estar en clase algún alumno ha perdido los nervios y ha soltado “¿y esto… para qué vale?” La respuesta a esta pregunta tan sencilla realmente es bastante más complicada de lo que parece e incluso me atrevería a decir que no es válida la misma respuesta para todo el mundo. Se me ocurren tres posibles respuestas a bote pronto para salir del paso:

El legalista: es la más básica, lejos de entrar en polémicas (que ya sabéis que a los bioquímicos nos gustan tanto) la respuesta es más simple es “porque es obligatorio que lo aprendas para obtener tu Título”. Recordemos que estamos en España y que muchas veces, con que algo sea obligatorio nos basta y sobra para dejar de interrogarnos. Es cierto que es una respuesta poco elegante, pero a veces no queda más remedio…

El borde: que tampoco requiere mucho desarrollo “no te preocupes, para ser un mal profesional nunca necesitarás esto…”. Y es cierto, no obstante, no podemos esperar que todos los alumnos tengan las mismas ambiciones ni que estas se mantengan, en la gran mayoría de los casos, los alumnos van evolucionando a lo largo de sus años en la universidad y esto hace que su curiosidad también lo haga, pero si somos sinceros, en primero de carrera la mayoría de nosotros no estábamos tan centrados en convertirnos en buenos profesionales.

El complicado: realmente es muy difícil de explicar para qué sirven las Ciencias Básicas y dejar contento a todo el mundo. He visto recientemente un intento muy acertado por parte de Eduardo Sáenz de Cabezón (@edusadeci) de tratar este tema con respecto a las Matemáticas:

En mi caso, yo me situo en el primer grupo que menciona Eduardo, la Ciencia es hermosa en sí misma y no nos es posible entender el mundo sin ella. Sin embargo, y como casi todo, esta posición requiere de explicaciones adicionales para que sea creíble (o por lo menos tolerada). Todos conocemos historias fascinantes de hallazgos que nos ha dado la ciencia, como el descubrimiento de las vacunas por E. Jenner o de la penicilina por A. Fleming (ahora que está tan denostado el uso de vacunas o de “químicos”, hablaremos otro día de esto, que tiene miguilla…). Pero realmente la Ciencia Básica nos está continuamente presente en nuestra vida diaria, como cuando preparamos un cocido en una olla a presión o nos tomamos una cerveza (fermentada con levadura).

Es cierto que perfectamente podemos comernos un cocido o tomarnos una cerveza sin preocuparnos por la Ciencia en absoluto pero en la actualidad nos encontramos con otro tipo de problemas ligados a la comunicación científica (graves algunos desde el punto de vista de la salud) que se basan en el desconocimiento general de conocimientos científicos básicos. Podemos pensar en la abrumadora cantidad de terapias “alternativas” que están apareciendo para curar todos nuestros males sin el más mínimo esfuerzo o la tampoco menos ingente cantidad de suplementos nutricionales casi milagrosos que van a acabar con todas nuestras dolencias en un pis pas. Volveremos sobre estos temas de forma recurrente (me temo).

Como decía al principio, la Ciencia es hermosa en sí misma y nos ayuda a entender la realidad que nos rodea. Ahora que estamos en verano y se agradecen los chapuzones en piscinas varias, se suele oír con normalidad el siguiente comentario: “pufff, cómo huele a cloro, se les ha pasado un poco la mano hoy…”, pues bien, esto es algo que se enseñaba en mis tiempos (pleistoceno medio, aproximadamente…) en la Química de primero de carrera y que supone un claro ejemplo de cómo la Ciencia nos ayuda a entender el mundo que nos rodea. Los compuestos que nos dan ese “fuerte olor a cloro” son las cloraminas. Estas moléculas se forman como consecuencia de la reacción del cloro, que añadimos a las piscinas como agente desinfectante, con la urea, que también la añadimos a las piscinas… aunque no de forma oficial.

Según este último ejemplo, es necesario saber algo de Ciencia Básica hasta para saber exactamente porqué algunas piscinas huelen como huelen… Aunque en este caso, quizá sí que sea mejor permanecer en la ignorancia…

Anuncios